De todas formas, el sector forestal sigue creciendo y el montaje de la nueva planta de celulosa de Montes del Plata será uno de los hechos relevantes del año, porque aportará entre 0,5 y 1% al crecimiento del PBI, según estiman los expertos de Deloi-tte. Es una muestra de la profundidad del desarrollo sectorial, que suma inversiones en capacidad y en tecnología, al tiempo que busca seguir incrementando la producción, más allá de los obstáculos que presentan los mercados.
!–TAG GOOGLE–
!–TAG GOOGLE–Estado crítico
En octubre, la empresa Weyerhaeuser resolvió detener la producción y enviar al personal -aproximadamente 300 trabajadores- al seguro de paro. La decisión se tomó ante la alicaída demanda externa de sus productos. La firma –líder mundial en productos madereros- colocaba en Europa cerca de 50% de sus exportaciones y la situación en el Viejo Continente la afectó directamente.
No es la primera vez que esta compañía estadounidense enfrenta dificultades en sus ventas externas: a partir de 2007, la crisis inmobiliaria en EEUU (luego seguida por la crisis financiera) redujo drásticamente la demanda en ese país, destino natural de la producción. Se debió virar a otros mercados, lo que se hizo en forma exitosa y permitió sostener la actividad. Ahora llega la crisis europea y los márgenes de maniobra son menores: se acumuló stock y la empresa prioriza colocarlo, antes de volver a fabricar.
El caso de Weyerhaeuser es significativo por varias razones. Ha invertido más de U$ S 450 millones en Uruguay. Posee una fábrica de tableros de última tecnología. Además, tal como se buscaba con la política foresto-industrial promovida desde 1988, es un ejemplo de desarrollo descentralizado, con locación de fábricas y empleo en el Norte, diversificando la oferta exportadora. Tiene un proyecto de largo plazo, para ampliar el número de plantas industriales y la producción, que –lógicamente– hoy está frenado.
Los mercados no la han acompañado: crisis tras crisis, las ventas se han complicado, a pesar de que se alcanzaron exportaciones por U$ S 38 millones en 2011 (un récord, porque los bosques van creciendo y aportando cada vez más producción).
Contrariamente a lo que sucede en otros sectores del agro, que han expandido las ventas en países de la región, o en naciones petroleras con capacidad de compra, en este caso las ventas han estado enfocadas a los países desarrollados o a los asiáticos. Los primeros retrajeron la demanda y los segundos tienden a comprar materias primas más que productos manufacturados, dada su abundancia relativa de mano de obra.
Los problemas de Weyerhaeuser, con matices, son los de toda la industria de la madera sólida (aserraderos y productores de tableros). Urupanel –otra firma localizada en Tacuarembó, de menor escala pero igual perfil que Weyerhaeuser– también detuvo su producción.
A partir del pasado 2 de enero, la planta de Weyerhaeuser reincorporó a todos sus trabajadores y volvió a la producción, en la medida en que logró colocar gran parte del stock acumulado.
Sin embargo, según señaló a El País Agropecuario el gerente general de la empresa, Álvaro Molinari, “las dificultades que originaron la parada persisten. En particular, la demanda europea sigue débil y a precios bajos. A este escenario internacional complicado se suma que los costos internos en Uruguay continúan aumentando, lo que agrava los problemas de competitividad”.
A su vez, otras empresas de este sector han optado en los últimos meses por exportar la madera para aserrar en bruto, sin procesar, pues resulta más conveniente: se evitan los excesivos costos de la fabricación y se apuesta por un producto de colocación más fácil, con buena demanda en el Asia, donde –justamente– se procesan las siguientes fases de transformación, hasta los productos finales. Así, los excelentes troncos de pino, producidos a partir de un cuidadoso manejo de los bosques durante 15 a 20 años, salen al exterior sin transformarse.
Más que un síntoma de “falta de valor agregado” (valor se agrega en todas las fases), es un síntoma de que la fase industrial enfrenta serios problemas de competitividad, tanto en costos como en su inserción comercial. Las cifras indican que las exportaciones de madera sólida procesada (tableros, madera aserrada, etc.) cayeron casi 50% en 2011: pasaron de 94 a 51 millones de dólares anuales. Al mismo tiempo, la exportación de madera bruta de coníferas (que tiene como destino esencial el aserrado) se multiplicó por cuatro y alcanzó a casi U$ S 10 millones.
Sabemos que para los industriales este asunto no tiene la menor gracia: exportar con menos trabajo es deprimente para la vocación manufacturera. Para sostenerla, no solo hace falta más competitividad: se requiere también una relación empresarios-trabajadores que apueste a una mirada de largo plazo. Lamentablemente –tal cual se ha reportado en esta revista– 2011 fue un año de conflictos, más que de cooperación. Otro factor que juega en contra.
Cuidados intermedios
La situación en el sector de madera para celulosa es muy diferente a la descripta para la madera sólida: los mercados son mucho más fluidos y –si bien se ha procesado un ajuste de precios– la competitividad de la industria uruguaya (léase UPM) es muy alta (de las mayores del mundo), por su capacidad de generar un excelente producto a bajos costos, su gran escala, sus cualidades logísticas y la potente capacidad de crecimiento de los bosques de Eucalyptus orientales.
Tan firme es la competitividad de esta industria que mientras varias plantas europeas de UPM enfrentan problemas serios para sostenerse (algunas ya han cerrado), la de Fray Bentos quiere ir a más y se proyecta una expansión en su capacidad de producción. Sucede además que la celulosa de Eucalyptus está sustituyendo a la celulosa de otras fibras, ampliando su participación de mercado.
Con este panorama, no es casual que se construya una nueva fábrica: Montes del Plata realizará el montaje de su planta en Punta Pereira durante este año y comenzará a operar en 2013. Es una instalación de mayor escala, aunque con un soporte logístico más complicado y una base forestal más extendida y diversa. Además, el costo de construcción en dólares resulta mucho mayor que el de la planta de UPM (en aquel tiempo, Botnia).
Es por todo esto que la empresa obtuvo ciertas compensaciones, incluidas en el contrato que firmó con el Estado uruguayo. Además de algunos compromisos para facilitar la forestación en zonas más cercanas a la planta, la base forestal de Montes del Plata estará exonerada del Impuesto al Patrimonio (Forestal Oriental lo paga).
Cuando funcione la nueva planta Uruguay se constituirá en uno de los principales productores mundiales de celulosa de Eucalyptus, con casi 10% del total. Los precios de esta celulosa disminuyeron en forma importante en los últimos meses, aunque se mantienen en niveles buenos. En Europa bajó 25% en 2011 y se sitúa en 651 U$ S/ton. El precio promedio de exportación de la celulosa uruguaya fue muy bueno en 2011, pero todo indica que caerá este año.
Costos y beneficios
Mientras los mercados externos someten al sector forestal a fuertes bamboleos, el gobierno profundizó la tendencia a reducir los beneficios al sector (con decisiones generales o específicas), mientras se aumenta la carga de impuestos y tasas.
En este proceso, la aprobación del ICIR (Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales) es, tal vez, el capítulo más notorio y polémico, pero no el único. El ICIR afecta particularmente a los grandes productores forestales, que son propietarios de grandes extensiones de tierra. Antes, se reinstauró la Contribución Inmobiliaria para los montes con destino a celulosa y últimamente algunas intendencias cobran tasas de circulación, con dudoso fundamento legal y cierta indulgencia del gobierno central.
La Sociedad de Productores Forestales (SPF) encomendó un estudio sobre la situación del sector y –en particular– acerca de su carga tributaria. El estudio (titulado “Después de 20 años de esfuerzo: ¿Dónde está el sector forestal uruguayo y cuáles son sus problemas?”) fue elaborado por los economistas Gustavo Michelin y Horacio Bafico. Establece –como base de análisis– un escenario futuro de producción estabilizada (madura) de 18 millones de metros cúbicos anuales de madera (hoy se generan 11 millones), a partir del área forestada hasta 2008, unas 884.000 hectáreas. Esto implica una cosecha de 68.500 hectáreas anuales de montes, considerando las distintas zonas y modalidades de producción, con sus costos respectivos ponderados.
Primero, la investigación estima lo que el Estado aportó en subsidios y exoneraciones de impuestos. Recuerda cuáles fueron los atractivos fiscales iniciales para desarrollar la forestación: exoneración de todo tributo sobre la propiedad inmueble rural y de la Contribución Inmobiliaria Rural, del impuesto a la renta en sus diversas formas y del Impuesto al Patrimonio. Además, el subsidio directo para cubrir 50% del costo de las plantaciones en suelos de prioridad forestal.
Asimismo, se agrega que el sector usufructuó posteriormente (en su fase industrial) los beneficios generales de la ley de inversiones y del régimen de zonas francas. Argumentan que la forestación cumple con creces los objetivos de la promoción de inversiones (aumento del empleo y de las exportaciones, descentralización, uso de tecnologías limpias, e incremento de la investigación, del desarrollo y del valor agregado nacional), por lo que su inclusión en estos regímenes está plenamente justificada.
El informe señala que, por concepto de subsidios a la plantación, el Estado aportó U$ S 94,5 millones (los subsidios ya se eliminaron para las nuevas plantaciones, pero aún resta pagar un saldo). Para estimar el “costo fiscal” (renuncia fiscal) de las exoneraciones de impuestos, los economistas optan por considerar que –de no haberse promovido- la actividad forestal no se hubiese realizado. Se valúa entonces la renuncia fiscal sobre la renta de oportunidad “perdida”, en este caso la derivada de la ganadería de cría. Así, se estima la renta ganadera hipotética de las 884.000 hectáreas que se destinaron a forestación, de lo cual surge que –según Bafico y Michelin– se dejaron de recaudar entre tres y cinco millones de dólares anuales.
Los expertos mencionan, de todas formas, que la DGI realizó el cálculo de esta “renuncia fiscal” con el supuesto de que la forestación se hubiera realizado de todas formas, más allá de la promoción. Así, Impositiva estima una renuncia fiscal de U$ S 8,3 millones anuales.
El estudio también analiza el aporte estatal en infraestructura. Se señala que ha variado con el ciclo económico y que –en los últimos años– ha sido relativamente bajo, aunque aumentó recientemente y se apunta a de 200 a 300 millones de dólares anuales (en total, no solo para el sector forestal).
En particular, estiman que las intendencias han…
———–
Fuente:
Agromeat